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Enfermedades psicosomáticas en la pandemia

Hoy en día, creo que no existe nadie que desconozca que es el COVID-19, tanto por el nivel de impacto a nivel sanitario, económico, social y, por último, pero no por esto menos importante, a nivel emocional. .

Entonces, ¿Qué tal conocer más de la relación entre la pandemia, que aún está entre nosotros, su efecto a nivel emocional - mental y las tan nombradas y, al mismo tiempo desconocidas, enfermedades psicosomáticas? Comencemos.


Enfermedades psicosomáticas en la pandemia

#039 - Enfermedades psicosomáticas en la pandemia 



Hola, bienvenidos a Español Con Todo, un podcast con curiosidades y temas interesantes para nativos y estudiantes de español. No te olvides, la transcripción completa y gratuita de este episodio la encuentras en el blog espanolcontodo.com.

Enfermedades psicosomáticas en la pandemia – Transcripción 

Empezaré hablando acerca de las enfermedades psicosomáticas que poseen una relación directa con la salud física de un individuo.

El cuerpo y la mente son dos elementos inseparables. Tanto el entorno médico como el mundo de la psicología explican que el dolor físico puede, en situaciones, indicar que se halla detrás un problema psicológico. Y justamente estos problemas también se conocen como enfermedades psicosomáticas.

Según el sitio medicinatv.com las enfermedades psicosomáticas son un trastorno en el que una persona presenta síntomas físicos, pero que no pueden ser explicados por una enfermedad física (orgánica). Estos síntomas provocan gran malestar en diversos ámbitos de la vida cotidiana.

Y es que, en relación con esto, existen algunos causales o procesos emocionales, como estrés, depresión o ansiedad que pueden derivar en una enfermedad con síntomas físicos si no son tratados adecuadamente por especialistas.

Aunque según el sitio web Axa Health Keeper menos de un 50% de las enfermedades comunes son psicosomáticas. Sí que es cierto, y quienes somos psicólogos lo podemos afirmar, las emociones negativas afectan de una manera determinante la evolución de una enfermedad e, incluso, en algunos casos agravarlas. Así que, más aún, conocer de ellas y como enfrentarlas resulta importante.

Ya en relación a los tipos de enfermedades psicosomáticas, el Hospital Alemán, en su web, señala que las enfermedades altamente prevalentes son las de tipo gastrointestinal o enfermedades reumatológicas, como la fibromialgia. Adicional a estas se encuentran: el síndrome de intestino irritable, síndromes dolorosos (desde dolores articulares, cefalea o dolores lumbares o cervicales), hipertensión o fatiga crónica. Otros cuadros menos frecuentes: episodios de dolor torácico (descartadas causas cardiovasculares) o síntomas urogenitales, insomnio y otros.

Hay que considerar que las enfermedades psicosomáticas suelen derivar de una vulnerabilidad física reforzada e incrementada por determinados factores psicológicos.

Por ejemplo: si yo poseo una condición gástrica desde hace mucho tiempo, puedo poseer más tendencia a desarrollar alguna enfermedad relacionada a esta área si me enfrento a situaciones altamente estresantes, como por ejemplo: el confinamiento por la pandemia.

También es pertinente considerar que si eres una persona con problemas constantes para tomar decisiones o los aplazas continuamente, generándote esto ansiedad, puedes estar más propenso a somatizar.

Por cierto, ¿sabes qué significa somatizar?

Pues, según la Rae es transformar problemas psíquicos en síntomas orgánicos de manera involuntaria.

Además de esto, el sentir altos grados de ansiedad por cualquier situación de la vida diaria, una culpa por algo del pasado, situaciones vividas de las que aún se guardan emociones negativas constantes y en las que se piensa continuamente o incluso tener obsesión por la salud (aspecto evidentemente lógico en medio de proceso de pandemia y vacunación) pueden traer como consecuencia desarrollo de somatizaciones, entonces atentos.

En resumen, existen diferentes enfermedades físicas que tanto el estrés como otros factores psicológicos pueden activar. Todo esto entonces lleva a inferir que las emociones y el estrés pueden derivar en un dolor o en otros tipos de enfermedades lo que termina agravando una vulnerabilidad física existente.

Por otro lado, también existen los llamados factores de vulnerabilidad psicopatológica, es decir, elementos que señalan en un sujeto mayor riesgo de sufrir una enfermedad, por ejemplo: población infantil, migrantes, refugiados, personas mayores, entre otros tantos grupos. La realidad es que la actualidad puede empujar a muchos a desarrollar somatización de síntomas psicológicos traducidos a físicos ante eventos altamente estresantes.

Ahora bien, imagina que antes de la pandemia ya existían enfermedades psicosomáticas, ahora piensa posteriormente al COVID, la cantidad de enfermedades psicosomáticas que se pueden disparar en poblaciones o grupos de personas que no manejan su salud mental adecuadamente o no practican el autocuidado emocional. Claro, aún es muy prematuro obtener estadísticas o datos fidedignos que nos hablen del impacto, sin embargo, ya desde el mes de abril del año pasado (2020) algunos especialistas afirmaban que las consultas médicas se habían incrementado a partir de la pandemia, todo como reacción emocional a la incertidumbre y desasosiego provocado por la situación que reinaba en el momento.

En el blog espanolcontodo.com en la trascripción de este episodio, el artículo completo al que hago referencia.

¿Ahora notas que tiene que ver la pandemia con las somatizaciones y porque me referí al virus al inicio del episodio? Pues, que nada más y nada menos es una situación donde se pueden desencadenar muchos resultados a nivel de salud a partir de nuestro manejo emocional a razón del COVID en nuestro día a día y cotidianidad.

Pero entonces, ante todo este panorama, sea por las preocupaciones o por condiciones preexistentes, nuestro deber para preservar nuestra salud es prevenir.

¿Cómo hacer esto en épocas como esta, donde, sin duda, la incertidumbre sanitaria, la vulnerabilidad económica, el miedo ante el futuro pueden llevarnos a somatizar? ¿Son síntomas reales producto de una afección física o mis emociones están hablando? ¿Qué puedo hacer?

1 - Sin duda, sería muy irresponsable de mi parte no mencionar el asistir a un médico para que él diagnostique o descarte algo físico únicamente. Si te diagnostican alguna enfermedad psicosomática lo adecuado es trabajo interdisciplinario, es decir, a la par del médico especialista, asistir al psicólogo. No lo ignores. .

2 - Lo segundo que podemos hacer es: esto que hago aquí contigo, dar a conocer las enfermedades psicosomáticas, desde un lado un poco más sencillo, más didáctico, más entendible, informarse e informar, el conocimiento es poder. Pero ojo, sin excesos porque la sobreinformación tampoco favorece. .

Hay muchos ejemplos en el mundo de que estas enfermedades existen, afectan y que el aspecto emocional puede ser trascendental en un proceso médico. Para ejemplificar, en BBC Mundo hay un artículo hecho a una neuróloga irlandesa que se encargó de recabar datos de casos en diferentes latitudes y, a partir de allí, la especialista elaboró un libro con información muy interesante del asunto..

Para mí, de un modo muy sutil, logra derribar esa frase que en algún momento he escuchado en el médico cuando voy por algún dolor y me dice “no tiene nada”. Un síntoma puede ser claramente algo biológico o psicológico-emocional.

Regresando al artículo, la neuróloga, incluso, cuenta cómo inició todo el trayecto como especialista interesada en este tipo de enfermedades, el modo en que comenzó a recabar datos de las enfermedades psicosomáticas a partir de una paciente que llegó con ceguera a su consulta, pero después de realizar diferentes exámenes médicos descubrieron que el origen no era neurológico. En el artículo cuentan que fue derivada a una atención psiquiátrica, así como terapia familiar, y después de 6 meses recuperó la vista. ¡Te imaginas una situación así!.

3 - Por otro lado, en esta época de trabajo en casa, sin duda, han sido incontable la cantidad de personas alteradas porque las rutinas y cambios pasaron a marcar el orden del día. Sin dejar de lado, por supuesto, la educación virtual, clases en línea, entre tantas otras situaciones. .

Muchas veces se espera ser más productivos, pero terminamos tensionándonos más, esforzándonos al máximo, permitiendo así dar paso al estrés y la frustración. Por esto, una buena opción resulta aprovechar las recomendaciones de los tres “breaks” encontrados en el sitio web Finanzas Personales. para, así, poder buscar un equilibrio mental y retomar labores de una manera más productiva: .

1 - Descansos físicos o activos: puede ser salir a caminar, pasear al perro, saltar la cuerda, trotar, o hacer ejercicios de estiramiento. .

2 - Descanso social: a pesar de la pandemia, tomar previsiones y aprovechar esos espacios a nivel social, que son tan necesarios: encontrarse con un amigo para charlar y tomar algo, llamar a alguien, jugar con los hijos o tu mascota, en fin, las opciones las dicta tu creatividad.

Este sitio apunta, incluso, que investigaciones muestran que la conexión social es uno de los mejores mecanismos para combatir el estrés y que nos levanta el ánimo, incluso cuando inicialmente nos sentimos reacios a conectarnos con los demás.

3 - Descanso espiritual: en este tipo de descanso se incluye rezar u orar, meditar, leer textos espirituales, escuchar música reconfortante, o hacer cualquier cosa que ayude a vincularse a algo superior.

4 - Volviendo a los consejos sobre qué hacer, un aspecto clave en todo este proceso de hacer frente a síntomas es, sin duda, ya descartado el aspecto físico- biológico, la gestión emocional. ¿Sabes a qué se refiere eso? todo el proceso de reconocer qué emociones tienes y como te estás sintiendo, las causas, además de intentar poner en práctica la resiliencia.

En un episodio, hace unos meses, hablamos justamente de la resiliencia en esta época de pandemia, sería ideal que lo escucharás, date la oportunidad de conocer un poco de esto. Nunca está de más este proceso de reconocimiento y manejo de las emociones.

5 - Practica algún ejercicio físico, sea cual fuere, correr, bicicleta, bailar, caminar. Hay una necesidad biológica en el movernos, además muchos son los estudios que apuntan la relación beneficiosa entre el hacer ejercicios y la salud mental de las personas.

6 - Este aspecto ya fue mencionado en el punto 1, pero no sobra reforzar la idea de asistir al psicólogo ante eventos que nos sobrepasen emocionalmente. No hay debilidad en reconocer que no me siento bien emocionalmente, por ejemplo, irritabilidad constante, trastornos del sueño, cansancio generalizado, entre otras situaciones, con aún más razón en esta época, donde vivimos una pandemia y hay incertidumbre sobre el futuro, sobre nosotros y hasta nuestro entorno inmediato. Al contrario de lo que se piensa, reconocerse vulnerable no significa ser débil. Muy lo contrario.

Tú ¿Qué consejo darías adicional a los ya mencionados? Escríbelo en los comentarios.

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