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Fragmentos de El Amante Japonés

¡Hola! En un podcast de semanas anteriores, conocimos el libro de la mexicana Sofia Segovia, con El Murmullo de las Abejas. Hoy continuaré la lectura de fragmentos de un libro llamado El Amante Japonés, de Isabel Allende.

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Fragmentos de El Amante Japonés


#020 - Fragmentos de El Amante Japonés 


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Fragmentos de El Amante Japonés - Transcripción 

Hoy conoceremos un poco de la novela El Amante Japonés, de la famosa escritora chilena Isabel Allende. La autora ha logrado trascender la barrera del idioma y sus obras se han traducido a más de 42 idiomas. Es considerada como la escritora viva más leída del mundo de la lengua española.

La novela de la cual leeré los fragmentos aborda la relación entre Alma Belasco y el jardinero japonés Ichimei, pero la trama se desarrolla con inusitados escenarios y personajes que acompañan y enriquecen el relato.

Comencemos:

Primer fragmento - Página 16 

La fantástica herencia de Jacques Devine logró que Alma Belasco se fijara en Irina y, una vez que se calmó la tempestad de habladurías, la llamó. La recibió en su espartana vivienda, envarada con dignidad imperial en un pequeño sillón color albaricoque, con Neko, su gato atigrado, en la falda.

— Necesito una secretaria. Quiero que trabajes para mí — le planteó.

No era una propuesta, era una orden.

Como Alma escasamente le devolvía el saludo si se cruzaban en un pasillo, a Irina la pilló por sorpresa. Además, como la mitad de los residentes de la comunidad vivían modestamente de su pensión, que a veces complementaban con ayuda de sus familiares, muchos debían ceñirse estrictamente a los servicios disponibles, porque incluso una comida extra podía desbaratarles el exiguo presupuesto; nadie podía darse el lujo de contratar una asistente personal. El espectro de la pobreza, como el de la soledad, rondaba siempre a los viejos.

Irina le explicó que disponía de poco tiempo, porque después de su horario en Lark House trabajaba en una cafetería y además bañaba perros a domicilio.

— ¿Cómo es eso de los perros? — le preguntó Alma.

— Tengo un socio que se llama Tim y es mi vecino en Berkeley. Tim tiene una ranchera en la que ha instalado dos bañeras y una manguera larga; vamos a las casas de los perros, quiero decir, de los dueños de los perros, enchufamos la manguera y bañamos a los clientes, o sea, los perros, en el patio o en la calle. También les limpiamos las orejas y les cortamos las uñas.

— ¿A los perros? —preguntó Alma, disimulando la sonrisa.

— Sí.

¿Cuánto ganas por hora? — Veinticinco dólares por perro, pero lo divido con Tim, o sea, me tocan doce cincuenta.

— Te tomaré a prueba, trece dólares la hora, por tres meses. Si estoy conforme con tu trabajo, te subiré a quince. Trabajarás conmigo por las tardes, cuando termines en Lark House, dos horas diarias para comenzar. El horario puede ser flexible, dependiendo de mis necesidades y tu disponibilidad. ¿Estamos?

— Podría dejar la cafetería, señora Belasco, pero no puedo dejar a los perros, que ya me conocen y me esperan.

En eso quedaron y así comenzó una asociación que al poco tiempo iba a convertirse en amistad. En las primeras semanas en su nuevo empleo, Irina andaba de puntillas y medio perdida, porque Alma Belasco demostró ser autoritaria en el trato, exigente en los detalles y vaga en sus instrucciones, pero pronto le perdió el miedo y se le hizo indispensable, como había llegado a serlo en Lark House.

Irina observaba a Alma con fascinación de zoólogo, como a una salamandra inmortal.

Segundo Fragmento - Página 36 

— No te metas en esto, Lillian. Todos los muchachos pasan por esos ritos de iniciación y casi todos sobreviven — le dijo Isaac.

— ¿A ti también te pegaban? — Por supuesto. Y ya ves que el resultado no es tan malo.

Los cuatro años de la escuela secundaria habrían sido un tormento interminable para Nathaniel si no hubiera contado con la ayuda de quien menos esperaba: ese fin de semana, al verlo cubierto de arañazos y golpes, Ichimei se lo llevó a la pérgola del jardín y le hizo una eficaz demostración de las artes marciales, que había practicado desde que pudo mantenerse sobre las dos piernas. Le puso una pala en las manos y le ordenó que intentara partirle la cabeza. Nathaniel creyó que bromeaba y enarboló la pala en el aire como un paraguas. Fueron necesarios varios intentos para que entendiera las instrucciones y se lanzara en serio contra Ichimei.

No supo cómo perdió la pala, pero salió volando y aterrizó de espaldas en el piso de baldosas italianas de la pérgola, ante la mirada atónita de Alma, que observaba de cerca. Así se enteró Nathaniel de que el impasible Takao Fukuda les enseñaba una mezcla de judo y karate a sus hijos y a otros chicos de la colonia japonesa, en un garaje alquilado de la calle Pine. Se lo contó a su padre, quien había oído hablar vagamente sobre esos deportes, que empezaban a conocerse en California.

Isaac Belasco fue a la calle Pine sin muchas esperanzas de que Fukuda pudiera ayudar a su hijo, pero el jardinero le explicó que justamente la belleza de las artes marciales era que no se requería fuerza física, sino concentración y destreza para utilizar el peso y el impulso del contrincante para derribarlo. Nathaniel empezó sus clases. El chofer lo llevaba tres noches por semana al garaje, donde se batía primero con Ichimei y los niños pequeños y después con Charles, James y otros muchachos mayores.

Anduvo varios meses con el esqueleto desarticulado hasta que aprendió a caer sin lastimarse. Le perdió el miedo a las peleas. Nunca llegaría a pasar del nivel de principiante, pero eso era más de lo que sabían los mayores de la escuela. Pronto dejaron de zurrarle, porque al primero que se le acercaba con mala cara lo disuadía con cuatro gritos guturales y una exagerada coreografía de posturas marciales.

Tercer fragmento - Página 63 

— En toda mi vida nunca me he ocupado de cuestiones de dinero. Curioso, ¿verdad?

— Ha tenido suerte. Casi toda la gente que conozco tiene preocupaciones de dinero.

Los residentes de Lark House viven con lo justo, algunos no pueden comprar medicamentos.

— ¿No tienen seguro médico? — preguntó Alma, extrañada.

— El seguro cubre una parte, no todo. Si la familia no los ayuda, el señor Voigt tiene que recurrir a unos fondos especiales de Lark House.

— Voy a hablar con él. ¿Por qué no me lo habías dicho, Irina?

— Usted no puede resolver todos los casos, Alma. —No, pero la Fundación Belasco puede hacerse cargo del parque de Lark House.

Voigt se ahorraría un montón de dinero que podría emplear en ayudar a los residentes más necesitados.

— El señor Voigt se va a desmayar en sus brazos cuando se lo proponga, Alma.

— ¡Qué horror! Espero que no.

— Siga contándome. ¿Qué hizo cuando murió su marido?

— Estaba a punto de ahogarme entre papeles cuando me fijé en Larry. Mi hijo había vivido juiciosamente en la sombra y se había convertido en un señor circunspecto y responsable sin que nadie lo advirtiera.

¿Irina y Alma crearán un lazo aún más fuerte del que ya existe?¿Qué sucederá con Alma y su pareja misteriosa?

Adquiere el libro El Amante Japonés y continúa descubriendo la fascinante historia.

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Glosario:

Ceñirse: limitarse a algo específico.

Circunspecto: que habla o actúa con seriedad, reserva o cautela.

Exiguo: escaso, poco o insuficiente.

Pérgola: estructura arquitectónica que se forma de vigas o columnas que sostienen un tejado de vigas transversales.

Zurrarle: Del verbo zurrar; golpear, azotar.

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Créditos
Presentación y texto: Luddey Flórez
Edición: Raul Lima

Música de fondo

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