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Fragmentos de La Hija De La Española - Parte 2

En el episodio 2 comencé una lectura de fragmentos de La hija de la española escrita por Karina Sainz Borgo. Allí conociste la historia de Adelaida Falcón, mujer venezolana a quien la  muerte le arrebata a su madre.

Descubriste a través de la lectura algunas vivencias de Adelaida en medio del caos de la capital de Venezuela. Pudiste conocer las emociones de una mujer acorralada por la situación social del país.

Hoy daré finalización a la lectura de otros tres fragmentos del libro, para que imagines que sucede con ella. 


Capa del libro La Hija De La Española

#002 - Fragmentos de La Hija De La Española - Parte 2


Transcripción - Fragmentos de La Hija De La Española - Parte 2


Hola, bienvenidos a Español Con Todo, un podcast en español con transcripción de historias interesantes, sugerencias de libros, vocabulario y más. Estudiar español a nivel intermedio avanzado ahora es más fácil con nuestro podcast.

Aquí también podrás despejar dudas, para eso basta con escribirlas en los comentarios al final de la transcripción.

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Primer fragmento - Página 165

 Cuando vi a Santiago en el marco de la puerta,  pegué un salto de horror.

- Adelaida, tranquila. Soy yo.

Lo sabía, claro que sabía que era él, pero el cuerpo no me obedecía. Un sudor frío me cubría toda la piel y lo que había comenzado como un temblor se transformó en espasmos. El corazón me latía sin control, me dolía el pecho y mi respiración se descompasó por completo. Comencé a gemir, como un ahogado. Cuánto más lo hacía, más miedo sentía.

“No debemos hacer ruido”,  repetía una y otra vez.

Santiago me sujetó por los hombros y me llevó hasta la cocina, el único lugar de la casa donde el olor de los gases lacrimógenos no era tan intenso.

- Respira con esto.

 Me dio una bolsa vieja de papel que olía a pan.

- Pégatela a la boca y la nariz. Respira, más lento. Respira.

La angustia comenzó a desinflarse. Al tiempo que remitía el terror, afloraba una nueva sensación de pudor y vergüenza. Mi pecho dejó de agitarse y el dolor dio paso al vacío.  Santiago me miraba sin mover un músculo. El resplandor de las luces del edificio contiguo iluminó sus ojos, que me parecieron de un color turbio. Vi un río en sus pupilas. Volví a llevarme el dedo índice a los labios. “Shhh.Shhh.Shhh.” Él repitió el gesto, como si fuera mi espejo. Avanzamos hasta el salón: yo apoyada en su hombro, él llevándome como a un ciego. 

Segundo fragmento - Página 181

Robaron el florero y ocho letras del epitafio. De la tumba de Adelaida Falcón arrancaron completa la palabra “Descansa”. Quedó el "en paz" como una deuda que nadie pagaría. También faltaba el apellido y la consonante del pueblo donde ella nació y en el que yo crecí por temporadas. Las habían arrancado una a una hasta dejar letras apagadas, tartamudas, como la efe de Falcón en el rótulo de la pensión de mis tías. Por perder, perdimos hasta el nombre. Ellas, nosotras:  las Falcón, las reinas del mundo en trance de morir.

Tuve que coger el jarrón vacío de otra lápida para que los claveles blancos no se secaran en la solana de mi propia vergüenza.  Había transcurrido un mes de su muerte. Y a pesar de que yo ya no era la misma,  quise serlo ante ella. Quise decirle cuánto la había amado. Como mi madre, yo  también estaba muerta.  Ella bajo tierra. yo en la superficie. Por eso acudí aquel día. Para soldar nuestros mundos hablándole al viento.

No sé cuánto tiempo permanecí frente a su tumba, sólo sé que aquella fue nuestra conversación más larga. Aunque ya no quedaran palabras, aunque sólo compartiésemos ese trozo de césped, era lo más cerca que podíamos estar la una de la otra en esta  parte del mundo. Pasa rápido la muerte cuando el mundo se empeña en girar. Y el nuestro, mamá, no giró sobre sí mismo hasta encontrarnos, como la tierra en el poema de Montejo. No,  mamá. El nuestro volcó y cayó sobre los demás. Apretó a los vivos y a los muertos hasta encuadernarlos en el mismo gesto.

Tercer fragmento - Página 205

Fui al río a lavar ropa blanca. Me acompañaba una niña vestida con unos pantalones agujereados. Una rotura manchada de sangre seca rasgaba la tela sobre la rodilla derecha. Mire el barreño lleno de trapos sucios. Pregunté a la niña su nombre, qué le había pasado, dónde estaba su madre. Me cogió de la mano y tiró con la fuerza de un cíclope. Nos sumergimos bajo un agua terrosa que nada se parecía a la orilla limpia y tranquila donde estrujaba mis sábanas. Flotábamos entre serpientes de excremento que se movían lentamente junto a caballos y jinetes muertos. Tenían los ojos abiertos, color de yema cocida: cuencas vaciadas de vida. Los cadáveres de bestias y hombres chocaban contra la niña y contra mí, que nadábamos torpes en aquella sopa tibia de sangre y mierda. Incapaces de torcer el rumbo, avanzábamos bajo la corriente, que nos centrifugaba en la cámara lenta de las pesadillas. La niña tiro de mi mano y me sumergió, todavía más, en el arrecife de algas y largas cabelleras de una mierda firme y endurecida.

Quise nadar hasta la superficie, pero la niña volvió a tirar de mi mano para enseñarme algo.  Detrás de un caballo ensillado y sin jinete flotaba un cuerpo convertido en un ovillo. Un hombre feto en una placenta séptica. La niña nadó hasta él sin soltar mi mano. Sujetándolo por el hombro, giró su cuerpo para que pudiésemos ver su rostro. Era Santiago. La pequeña puso su brazo libre para rodearlo. Nos abrazamos los tres, con aquel cardumen de bestias, boñiga y hombres muertos a nuestro alrededor. 

¿Quieres saber qué pasará con Adelaida ahora? ¿Ya leíste el libro? Cuéntanos en los comentarios qué emociones despertó en ti esta historia…

Por el día de hoy finalizamos, lo único que me queda recordarte es que si te gusto el programa te suscribas a él (si aún no lo has hecho), desde la plataforma donde estés escuchando: itunes, spotify, google podcast, tunein, ivoox, stitcher, iheart, entre otros.
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GLOSARIO

Barreño: Recipiente cilíndrico, poco profundo, con bordes tipo asas, hecho de diferentes materiales.

Boñiga: Excremento.

Cíclope: Ser mitológico griego que tiene un solo ojo en la frente.

Cardumen: Grupo grande de peces, generalmente de la misma especie, que se desplazan juntos.

Descompasó: Pasado simple del verbo descompasar. Perder los buenos modales o compostura.

Estrujaba: Pasado imperfecto del verbo Estrujar. Apretar algo para extraerle el jugo o contenido.

Ovillo: Algo envuelto en una forma redondeada.  

Séptica: Que contiene gérmenes.

Soldar: Unir dos objetos uniendo sus bordes, fundiendo los mismos o usando un material similar.

Terrosa: Que tiene mezcla de tierra.


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Créditos

Presentación y texto: Luddey Flórez
Edición: Raul Lima

Música de fondo

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