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Novela La Hija de la Española - Parte 1

En el episodio de hoy voy a leer tres fragmentos de la exitosa novela La hija de la española escrita por Karina Sainz Borgo. Fue publicada en marzo de 2019 y ha tenido una gran acogida entre los lectores.

Capa del libro La Hija de la Española

#002 - Novela La Hija de la Española - Parte 1





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Transcripción - Novela La Hija de la Española

La novela la hija de la española se basa en la historia de una mujer de Caracas, Venezuela, a la que se le muere la madre en una ciudad convulsionada por la violencia de dónde es imposible escapar, sin embargo descubre que su vecina ha muerto y nuestra protagonista encuentra la concesión del pasaporte español de la difunta.

A través de una narrativa repleta de eventos, dentro de la novela  podrás emocionarte a través de la obra pero, al mismo tiempo cuestionarte procesos de vida y de la protagonista Adelaida. 

Sin duda un tema nada fácil, porque además la autora recrea la situación política - social que se vive hoy en día en Venezuela, pero sin quedarse allí, porque la autora logrará trasladarte por diferentes vericuetos a situaciones inverosímiles pero que la autora aclara que no representan testimonio de algún suceso particular de la vida real.

Primer fragmento - página 68

Era mi quinta visita la panadería en tres días, pero el panadero me trató como si nunca me hubiese visto. La harina no había llegado, esa semana tampoco. Junto a mí dos mujeres cargaban bolsas que sobrepasaban con creces la ración diaria de hambre por la que hacíamos largas filas para después no conseguir ni siquiera una barra. Salieron con los panes que otros por mucho esperar o madrugar no podrían llevar a sus casas.

Subi la avenida Baralt pensando en las ranas blancas que se adherían como piedras a los mosquiteros de la pensión de las Falcón, en Ocumare de la costa. Criaturas que conservé en mi memoria como un mal recuerdo y que ahora resucitaban en mi mente como eructos del corazón. Nos parecíamos, ellas y yo. Hembras de piel fea que desovan en medio del ventarrón.

Llegué a la puerta de mi casa arrastrando los pies. Giré la llave, pero la cerradura se resistía. Empuje adelante y atrás. Sacudí el postigo,  tiré de la manilla,  insistí.  La cerradura tenía unos arañazos. La habían cambiado. Entonces vinieron a mi mente las colchonetas, las noches de acampada, las motocicletas, los ataúdes, los hematomas, las palizas con cubetas y palos. Una puya de miedo me atravesó y caí en la cuenta de que ya era demasiado tarde. ¡La casa! Su único objetivo había sido invadir todos y cada uno de los apartamentos del bloque. El grupo de mujeres que desde días atrás permanecía en la plaza Miranda era, en realidad, un comando de invasión. “¡Maldita sea!” me llevé la mano a la entrepierna. Estaba húmeda. Intenté contener las gotas de orina y conservar la calma.

Segundo fragmento - Página 77

Me desperté junto a la puerta de casa con un fuerte dolor de cabeza. No escuché nada. Ni un paso o voz cercana. Las veinte familias que vivían en el edificio parecían haber desaparecido. Mi bolso de mano estaba abierto junto a mis pies. Alguien había robado lo poco que llevaba en él:  las llaves y mi teléfono. En el monedero aún conservaba mis documentos. De los billetes, ni rastro. Sentí un sabor a metal en la boca. De la casa provenía una música estridente y familiar. Era el reggaetón del cementerio, que ahora sonaba en el interior de mi departamento como si de una pachanga de barrio se tratara.

Me levanté con dificultad, dando tumbos en aquel pasillo sin luz. Todo olía a sudor y basura. Llamé a la puerta. La música sonaba tan fuerte que ni yo era capaz de percibir el sonido de mis nudillos. Golpee de nuevo: Nada. Del otro lado escuchaba risas, un sonido de vasos y cubiertos. Golpee todavía con más fuerza,.Abrió la misma mujer. Aún vestía la blusa de mariposa monarca, ahora deformada sin gracia sobre su estómago. Todo en ella resultaba excesivo: el tamaño de su cuerpo, su hedor a sudor y perfume barato. la mandamasía que desprendía cada uno de sus músculos y sus gestos era casi procaz.

Tercer fragmento - Página 104

El olor a carne quemada comenzó a esparcirse en el aire.  Apretándome con sus piernas y sujetándome los brazos, el cazador sólo intentaba mantenerme inmóvil. Redoblé mis esfuerzos, me sacudí, di patadas y estiré el tronco hasta que conseguí zafar un brazo. Manoteé sin puntería, me revolví. Al fin enganché su máscara con las uñas. Tiré con fuerza hasta dejar su rostro descubierto. Él no se opuso, ni siquiera se resistió.  Me dejó un instante, sin mover un solo músculo del rostro. Si existía un Dios para los bribones se había puesto de mi lado. Lo reconocí al instante. Era el hermano de Ana.

-¡Santiago! Eres tú ¿verdad?
No contestó.

- Tu hermana te está buscando como loca.

- ¡Shhhhhhh! ¡Disimula y haz lo que yo te diga! Sigue dando golpes y resístete en todo momento, ¿estamos? - Volvió a cubrirse el rostro con la máscara y se acercó a mi oído.

- ¿ A qué lugar puedo llevarte para sacarte de aquí?

- Justo al bloque de edificios que hay detrás de ti, a menos de veinte metros.

Santiago me levantó del suelo a empujones, exagerando y blandiendo con la mano una granada de gas lacrimógeno que reventó muy cerca. A los pocos segundos, ya nadie podía vernos.  Mientras, un enjambre de motorizados cruzaba la avenida a toda velocidad vaciando los tambores de sus pistolas contra los edificios, echamos a correr hacia el portal.

- Adiós - dijo cuando llegamos a la puerta.

Luego se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la calle.
Me abalancé sobre él e intenté halarlo rodeándole el cuello con un brazo. Santiago me apartó con un manotón.

- Métete en tu casa. Si quieres que te peguen un tiro, tú misma, pero yo no me quiero morir. Cómo se den cuenta de que no te he partido la cabeza al que le van a pegar el tiro es a mí.
Una nueva ráfaga de disparos nos obligó a tumbarnos en el suelo.

- Por favor escúchame. Tu hermana te busca. Tienes que llamarla ¡y si no lo haces tú, lo hago yo!.

- Como la llames, nos van a moler a todos. A ella, a mí y hasta ti así que…
 No pudo acabar la frase.  Un chico se derrumbó a nuestros pies.  No tenía más de diecisiete años. Cayó empujado por la fuerza de una bomba lacrimógena que le reventó el pecho.

¿Qué pasará con Adelaida y Santiago? Este será tema de otro episodio. ¡No te lo pierdas!

Pues bien dicho todo esto, lo único que me queda es recordarte que si te gusto el programa te suscribas a él (si aún no lo has hecho), desde la plataforma donde estés escuchando.
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Glosario

Ataudes: Plural de ataúd. Recipiente, generalmente de madera, usado para depositar un cadáver
Blandiendo: Verbo blandir. Mover un objeto u arma de modo oscilatorio.
Bribones: Plural de bribón. Que engaña o comete artimañas. Pícaro.
Desovan: Verbo desovar. Acción de la hembra de un pez o anfibio que suelta sus huevos.
Granada: Pieza o proyectil que contiene material explosivo en su interior. 
Hedor: Olor desagradable.
Pachanga: Fiesta popular, alboroto.
Postigo: Puerta que se asegura con una llave o cerradura.
Ráfaga: Grupo de proyectiles disparados rápidamente 
Redoblé: Verbo redoblar. Repetir, volver a hacer algo. 
Vericuetos: Plural de vericueto. Lugar difícil por donde se anda con dificultad.
Zafar: Escaparse, soltarse, librarse de algo o alguien.

Créditos

Presentación y texto: Luddey Flórez
Edición: Raul Lima

Música de fondo

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